La falta de una mayor visión hacia los problemas más sentidos de nuestra zona, de los representantes de los medios de comunicación, y la actitud exhibicionista y antagónica de quienes dirigen las agrupaciones civiles e indígenas, reflejan una completa ceguera hacia la búsqueda del verdadero desarrollo de nuestra zona en todos los rubros.

De qué manera podemos entender una cobertura informativa de seis medios de comunicación, entre electrónicos e impresos, que no hayan logrado destrabar el desarrollo del valle de San Quintín, cuando se entiende que estos deber de ser parte de los impulsores de esto, acompañado de quienes se precien de ser líderes y  de la búsqueda de un mejor nivel de vida para las familias.

Acaso se estará desaprovechando la presencia de los seis medios de comunicación, que realmente resulta una marca registrada, además de existir otros en las redes sociales, que de alguna u otra manera pretenden adoptar el perfil de comunicador de manera empírica.

Resulta un verdadero desperdicio la presencia en el valle de San Quintín, del diario Frontera, El Vigía, El Mexicano, el semanario Zeta, Volcanes, Dejando Huella, Radio Xeqin, lo cual ha generado que la ciudadanía adopte una actitud de antipatía hacia quienes representamos a cada uno de estos medios informativos del acontecer de esta región.

Existen rezagos tan sentidos y notables en los rubros de salud, seguridad pública, recolección de basura, educación, regularización de la tenencia de la tierra, deporte, agua potable, drenaje, pavimentación y urbanización, que ni los representantes de los medios de comunicación y los que se precian de líderes de organizaciones civiles e indígenas, logren avances al menos en un 25%.

Esta resulta la verdadera y cruda realidad de nuestro entorno, lejos de andarnos sintiendo los salvadores de nuestro pueblo, cuando en los hechos venimos demostrando todo lo contrario.

Y como dice un pasaje bíblico “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”, incluyéndonos a nosotros mismos, que desde siempre somos tachados de “amarillistas” por atrevernos a publicar este tipo de notas.