“Renovarse o morir”

Por: Rodolfo Guevara Cázarez

Las mentalidades poco visionarias y anquilosadas en los tiempos pasados, están provocando un severo subdesarrollo del valle de San Quintín, que las autoridades de los tres niveles de gobierno aprovechan en aras de escatimarle mayores cantidades de inversión en obras de desarrollo social y urbano, aun cuando las necesidades resulten extra urgentes.

La sobrevaluación de los terrenos, el elevado costo de los arrendamientos de locales, la intromisión con sus arrendatarios, y las actitudes hostiles de empresarios y comerciantes hacia sus propios clientes, representan también parte de ese subdesarrollo social, que únicamente tienen como una tablita de salvación el arribo de empresarios foráneos con mentalidades mayormente visionarias.

Una renta de locales del valle de San Quintín, que se ubica muy por encima del centro comercial de la zona rio de Tijuana, y una venta de terrenos con el precio del metro cuadrado de un 100% por arriba de los que se comercializan en la mejor zona urbana de las ciudades de Tijuana, Ensenada y Mexicali, además de carecer de certeza jurídica los de nuestro valle.

Los gobernantes deben de promover la inversión de la iniciativa privada hacia el valle de San Quintín, con la finalidad de que ayude al desarrollo de nuestra zona y represente una nueva opción en materia de generación de empleos, además de que esto contribuiría a desintegrar la mentalidad caciquil que aún no se extingue en esta zona.

Los tiempos de los cuartos de adobe, de madera y cartón, que les proporcionaron a los viejos arrendatarios elevar su calidad de vida,  ya deben ser parte del pasado. Los tiempos del cambio del cheque del salario por un consumo del 20% en los súper mercados de antaño, también deben de erradicarlo nuestras autoridades y la banca.

Aunque ya se avizora la llegada de inversionistas foráneos con una mentalidad mayormente visionaria, como lo demuestra la apertura de Calimax, los OXXO, y Bodega Aurrera, también resultan necesarios la llegada de empresarios gastronómicos con otra mentalidad.

Los nombres de “Don Fulano y Doña Fulana”, ya son parte del pasado de las nuevas generaciones, las publicitadas tiendas de raya, también ya son parte del pasado, sin embargo se hace necesaria la conquista de los nuevos valores del valle de San Quintín, exentas de los llamados movimientos de los jornaleros agrícolas, que tienen como punto de ataque y combate, precisamente esa relación con quienes han explotado y humillado a la clase trabajadora.

Por ello es necesario renovarse o morir, lo cual equivale a luchar por el verdadero desarrollo del valle de San Quintín, de forma ordenada y pacífica, o bien resignarse a aceptar la continuidad, de lo que nos tiene sumido en el subdesarrollo porque así le conviene a sus intereses económicos, políticos y sociales.