“Ensalada sanquintinense”

Por: Rodolfo Guevara Cázarez.

Triste y lamentable resulta que en las ciudades de Ensenada, Tijuana, Mexicali, Rosarito y Tecate, nos continúen observando con la cultura del “bote del Tomate y la caja, para la pisca de la fresa”, principalmente a los jóvenes profesionistas que deben de ser la parte fundamental de nuestro desarrollo, y la transformación de nuestra historia y cultura, como valle de San Quintín en vías de la búsqueda de la municipalización.

Y como dice en un apartado de la biblia, esto arroja lo otro por añadidura, ya que el 17 de marzo del 2015, nos hicimos famosos internacional, nacional, estatal y regionalmente, derivado del movimiento de los jornaleros agrícolas, que llevaron al vandalismo, saqueos de tiendas, mercados, cierre de la carretera transpeninsular y de caminos de acceso a los centros de trabajo agrícola, además del enfrentamiento y desafío hacia las corporaciones policiacas del ámbito estatal y municipal.

Por ello nos atrevemos a pensar, analizar, reflexionar y medir el impacto que pudiera traer el famoso festejo o recordatorio de los acontecimientos mencionados líneas arriba, que anuncia con bombo y platillo, uno de los llamados lideres aliancistas Fidel Sánchez Gabriel, quien ha tenido fallidos intentos en su lucha por reavivar las cenizas de estos acontecimientos.

Resulta difícil levantar un pueblo que se empeña en vivir de rodillas, dicho lo anterior en sentido figurado a lo que está ocurriendo con las nuevas generaciones de profesionistas y de negocios, que los encontramos indiferentes a la suma de voluntades en el desarrollo político, social, cultural y económico.

Jóvenes estudiantes y profesionistas, con chispazos únicamente de querer pretender participar en el desarrollo de los rubros arriba descritos, es lo único que hemos observado en nuestros aproximadamente 25 años de estar difundiendo el acontecer del valle de San Quintín, primeramente para el diario “La Voz de la Frontera”, y posteriormente en este proyecto editorial, nacido y editado en esta tierra de oportunidades y grandes retos.

Sin duda alguna que también ha hecho demasiado daño a las nuevas generaciones, la proliferación de aperturas de antros disfrazados de restaurantes bar, donde prevalece el desenfreno y el desmedido consumo de bebidas embriagantes, que tienen sembrada la carretera transpeninsular de cruces, como símbolo y testimonio de un fallecimiento por accidente.

El que nos ofrezcan un ciclo de conferencias que ayuden al crecimiento intelectual, cultural, social y económico, resulta como tirarle una pedrada a la luna, mucho menos pensar en un cine o teatro.

A lo anterior debemos sumarle el alto índice de inseguridad y delitos de alto impacto que nos vienen agobiando.

Y para concluir tenemos el síndrome de “los hijos de papi”, donde el solo convivir con retoños de acaudalados  agricultores, empresarios y comerciantes, les transmite  a otros jóvenes de un nivel inferior económicamente hablando, una serie de satisfacción y orgullo aunque finalmente esto se traduzca en esto solamente.

Necesitamos ese despertar de las nuevas generaciones, principalmente cuando los personajes considerados iconos de los ayeres, están en peligro de extinción y algunos son parte del pasado, ya que las nuevas generaciones desconocen si realmente sean dignos de recibir un homenaje o reconocimiento, debido a que no los encuentran por ningún lado en el nulo o mínimo desarrollo del Valle de San Quintín.